Las autoridades de China anunciaron una reducción en los precios minoristas de la gasolina y el diésel que entrará en vigor este miércoles, en línea con las recientes variaciones del mercado internacional del petróleo. La medida fue comunicada por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (CNDR), el principal organismo de planificación económica del país.
De acuerdo con el ente, el precio de la gasolina disminuirá en 555 yuanes (alrededor de 80,9 dólares) por tonelada, mientras que el diésel registrará una baja de 530 yuanes por tonelada.
La decisión responde a la evolución de los precios del crudo en el ámbito global, que han mostrado fuertes oscilaciones desde el último ajuste realizado el 7 de abril. Aunque el valor del petróleo experimentó un repunte el 20 de abril tras caídas previas, el promedio de los últimos diez días hábiles —período utilizado como referencia para este tipo de ajustes— se mantuvo por debajo del ciclo anterior.
En este contexto, las principales compañías del sector, como China National Petroleum Corporation, China Petrochemical Corporation y China National Offshore Oil Corporation, recibieron la instrucción de organizar la producción y la distribución de combustibles refinados para asegurar el abastecimiento en el mercado interno.
El organismo recordó que el sistema vigente en el país ajusta los precios de los derivados del petróleo en función de las fluctuaciones internacionales del crudo. Asimismo, instó a las autoridades locales a reforzar los controles y sancionar cualquier incumplimiento de la normativa vigente en materia de precios.
En paralelo, el comportamiento reciente del petróleo ha estado influido por tensiones geopolíticas, en particular por la escalada entre Estados Unidos e Irán, que ha afectado la navegación en el estratégico estrecho de Ormuz. No obstante, las expectativas de nuevas conversaciones entre ambas partes en Islamabad han contribuido a moderar los precios en el corto plazo.
Rusia y Corea del Norte impulsan comercio con unión a través de puente estratégico

Este martes 21 de abril de 2026, el Ministerio de Transporte de Rusia informó la culminación de la unión estructural del nuevo puente automovilístico que conectará la Federación de Rusia y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) sobre el río Tumánnaya.
Se trata de la primera vía terrestre directa entre ambas naciones construida con el objetivo de fortalecer la cooperación. La infraestructura vial, que se suma a una ruta ferroviaria ya existente, tendrá una longitud total de casi 5 kilómetros.
El tramo del puente abarca aproximadamente un kilómetro y dispondrá de dos carriles de circulación. Para su construcción se emplearon más de 5.000 toneladas de estructuras metálicas y 9.000 metros cúbicos de hormigón.
El proyecto, resultado de un acuerdo firmado en 2024 por el presidente Vladímir Putin y el líder coreano Kim Jong-un, inició sus obras el 30 de abril de 2025. Actualmente, más de 70 especialistas y 30 equipos técnicos trabajan intensamente para cumplir con la fecha de apertura prevista para este verano.
El ministro de Transportes ruso, Andrei Nikitin, destacó que este corredor moderno transformará las zonas fronterizas en centros económicos dinámicos.
Entre los beneficios proyectados, la iniciativa optimizará la logística, mejorando el transporte de mercancías y reduciendo tiempos. Igualmente, impulsará el comercio bilateral y fortalecerá el intercambio cultural y los vínculos entre los pueblos de Rusia y la RPDC.
Como parte del programa nacional «Sistema de transporte eficiente», se construye también el puesto de control Hassan. Este puesto está diseñado para procesar inicialmente a 300 vehículos y 2.850 personas por día, lo cual subraya el avance en la cooperación bilateral.
Este esfuerzo se complementa con la implementación de vuelos directos entre Moscú y Pyongyang, inaugurados en julio de 2025.
OIT advierte del deterioro del mercado laboral por las perturbaciones globales

- Aunque el crecimiento mundial parece estable, las debilidades estructurales del mercado de trabajo y la escalada del conflicto en Oriente Medio amenazan los ingresos y el empleo de millones de personas, advierte Gilbert F. Houngbo en las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial.
GINEBRA (OIT Noticias) – Los mercados de trabajo mundiales parecen, en general, estables, con un desempleo sin cambios y un crecimiento que continúa hasta principios de 2026. Sin embargo, bajo esta superficie, las debilidades estructurales, incluida la amplia informalidad y la pobreza extrema, están poniendo en riesgo a millones de trabajadores, según ha señalado el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Gilbert F. Houngbo.
En sus declaraciones ante las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en Washington D. C., Houngbo subrayó que los déficits persistentes de trabajo decente están socavando la cohesión social y la resiliencia económica.
“El desafío más profundo es la calidad del empleo y la transformación estructural. Unos 284 millones de trabajadores siguen viviendo en pobreza extrema, mientras que 2.100 millones de trabajadores, casi el 58 % de la fuerza de trabajo mundial, permanecen en el empleo informal”, señaló.
Houngbo observó que el aumento de la deuda soberana, el espacio fiscal limitado y la elevada incertidumbre económica restringen aún más la capacidad de los gobiernos para apoyar a los trabajadores y fortalecer los mercados de trabajo.
Conflicto en Oriente Medio: intensificación de riesgos económicos y laborales
El conflicto en curso en Oriente Medio está intensificando vulnerabilidades preexistentes y transmitiendo perturbaciones a través de los mercados energéticos, las interrupciones del comercio y el aumento de los costos, lo que incrementa el riesgo de efectos graves y duraderos en el mundo del trabajo, afirmó el Director General.
En los países más afectados, se prevé que los daños a las infraestructuras, las interrupciones de la actividad empresarial, los desplazamientos y la inseguridad reduzcan el empleo y los ingresos, al tiempo que ejerzan presión sobre las instituciones del mercado de trabajo y los servicios públicos.
Más allá de la región, las perturbaciones en la energía, el comercio y las cadenas de suministro ya están afectando al empleo, los salarios y las condiciones de trabajo en muchas economías. Los hogares de bajos ingresos, los trabajadores en la economía informal, los trabajadores migrantes y las pequeñas empresas soportan las cargas más pesadas, con un aumento del riesgo de trabajo infantil, trabajo forzoso y otros déficits graves de trabajo decente.
“El conflicto en Oriente Medio no es un choque aislado superpuesto a una economía mundial por lo demás estable. Está agravando vulnerabilidades preexistentes y aumentando la probabilidad de efectos más graves y duraderos en el mundo del trabajo”, afirmó Houngbo.
Proteger a los trabajadores y fortalecer los mercados de trabajo
Para hacer frente a las crecientes fragilidades del mercado de trabajo en un contexto de incertidumbre y choques globales cada vez más intensos, Houngbo instó a los gobiernos a actuar con rapidez para proteger a los trabajadores, preservar el espacio fiscal para la protección social e implementar medidas activas de mercado de trabajo.
“La protección social eficaz, el apoyo a los medios de vida y las medidas de política activa de mercado de trabajo son esenciales para evitar que los trabajadores y los hogares vulnerables caigan aún más en la inseguridad.”
En los países afectados por conflictos, la recuperación y la reconstrucción deben incorporar desde el inicio el trabajo decente, los derechos laborales, la protección social y condiciones de trabajo justas, señaló.
Houngbo instó a los responsables de políticas a extraer lecciones de la crisis actual, subrayando que la resiliencia económica no puede construirse sobre bases débiles del mercado de trabajo.
“Allí donde el crecimiento no genera empleo decente, donde la informalidad sigue siendo generalizada y donde los trabajadores carecen de seguridad, voz y protección, las sociedades se vuelven mucho más vulnerables a las perturbaciones. Por ello, la persistencia de los déficits de trabajo decente no es solo una preocupación económica, sino también una cuestión de derechos”, afirmó.






