Falleció Silvia Medina: la mujer que dejaba la puerta abierta

Por Jorgeá Sánchez-Vargas

En los pasillos de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, CCSM, todavía parece escucharse el eco de una pregunta que terminó convirtiéndose en ritual:

—¿Ya revisamos todo? ¿Todo, todo?

No era desconfianza. Era una forma de amor y entrega.

Quienes trabajaron con Silvia Helena Medina Romero, aprendieron que esa revisión minuciosa —la fila de las sillas, el nombre correcto en la escarapela, las cifras y estadísticas, los listados de invitados, el saludo oportuno— era su manera de decirle a cada visitante que importaba. Que la institución estaba para servir.

Antes de abrir cualquier acto, caminaba el lugar como quien recorre su propia casa. Observaba, corregía, animaba. Si algo podía hacerse mejor, se hacía. Si alguien necesitaba respaldo, aparecía. Y solo entonces, cuando todo estaba a punto, regalaba la sonrisa.

Después venía la escena que más se repetirá en la memoria: Silvia en la puerta, dando la bienvenida, pronunciando nombres, estrechando manos sin distancias.

Este viernes 14 de febrero, en Bogotá, la noticia de su muerte detuvo relojes, reuniones y llamadas. La presidenta ejecutiva, al frente de la entidad desde junio de 2022, falleció luego de permanecer bajo observación médica tras un procedimiento cardiovascular.

La información corrió rápida entre oficinas, empresas, gremios y entidades oficiales. Y con ella apareció una certeza compartida: no se iba solo una directiva; se despedía una forma de ejercer el liderazgo.

Elegida por unanimidad por la Junta Directiva, fue la primera mujer en asumir esa responsabilidad. El dato es histórico, pero explica apenas una parte. La otra está en el estilo.

Funcionarios, emprendedores y empresarios coinciden en el mismo recuerdo: su capacidad de acercarse sin protocolo, de escuchar incluso en el desacuerdo, de insistir con firmeza sin romper puentes. Tenía esa diplomacia natural del Caribe que permite avanzar sin necesidad de levantar la voz.

Una colaboradora la ve todavía cruzando el corredor, apurada, llena de pendientes. De pronto se detenía:

—¿Usted ya almorzó? No se me vaya a enfermar.

Podía estar negociando cifras, planeando estrategias o atendiendo visitantes nacionales, pero nunca perdió de vista a la gente concreta que hacía posible el trabajo diario. Ese rasgo terminó moldeando el ambiente interno.

Traía consigo más de tres décadas de experiencia. Administradora bancaria del Politécnico Grancolombiano, especialista en Gerencia de Mercadeo, alta directiva del BBVA, reconocida durante cinco años consecutivos como la primera en resultados a nivel nacional. Sabía de metas, balances y eficiencia.

Sin embargo, al llegar a la Cámara añadió un ingrediente definitivo: calidez pública. En su despacho se hablaba de competitividad y sostenibilidad, pero también del tendero que quería formalizarse, del joven que soñaba con emprender, de la empresa que buscaba expandirse. Repetía que fortalecer al empresario era fortalecer la ciudad.

Se asumía parte de una herencia construida por dirigentes como César Riascos y Alfonso Lastra. Honraba esa tradición, pero sentía que cada generación tiene la obligación de empujar un poco más lejos.

Por eso defendía la idea de robustecer la institución desde adentro: equipos preparados, servicios oportunos, diálogo permanente. Quería una Cámara capaz de ayudar a Santa Marta a superar cargas históricas que han limitado su desarrollo.

Tras conocerse su fallecimiento, los mensajes de pesar se multiplicaron. Confecámaras destacó su integridad. También se pronunciaron Cotelco, Asbama, Acodrés y Fenalco. Las palabras fueron sentidas, respetuosas, necesarias.

Pero acaso el tributo más profundo no esté escrito. Está en la memoria de quienes la vieron trabajar hasta el último detalle. En la enseñanza silenciosa de que servir implica prepararse, escuchar y cuidar. En la certeza de que el progreso necesita instituciones firmes y trato humano.

Hoy su oficina estará en pausa. La agenda estará interrumpida. La puerta dejará de moverse. Sin embargo, alguien volverá a abrirla. Y cuando eso ocurra habrá mucho de Silvia acompañando el gesto.

Porque ciertos liderazgos no desaparecen: se vuelven costumbre, se vuelven método, se vuelven futuro. Y en esa rutina seguirá latiendo una forma de entender el servicio, porque hay liderazgos que terminan en una fecha, y otros que se convierten en camino.